Sí se puede hacer nacer un nuevo país

Que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, haya recibido el apoyo de los cinco ediles liderados por Alfred Bosch no tenía ningún secreto a raíz de la existencia de múltiples coincidencias programáticas entre ERC y Barcelona en Comú. Tantas que no me sorprendería la elaboración de un programa compartido de actuación, ya sea entrando en el gobierno o con apoyos externos puntuales. El tiempo nos dirá cuál es la fórmula republicana para ayudar al gobierno de la ciudad. De hecho, en otras grandes ciudades catalanes el apoyo mutuo entre ERC y las nuevas candidaturas ha dado lugar a cambios importantes como son los casos de Badalona en donde se ha arrebatado la alcaldía al PP o Sabadell en donde quienes cedieron la vara fueron los socialistas en beneficio de un alcalde republicano.
Pese a la complejidad y heterogeneidad de la contestación social y política existente en nuestra sociedad frente a la situación de desguace del estado social y de derecho, y pese a las diferencias entre los partidos políticos que pretenden representarla, en el caso catalán es evidente que para una buena parte de la ciudadanía existe una convergencia entre el malestar social y el actual encaje de Catalunya con el Estado español. De ahí que, excepto PSC, PP i C’s, las distintas fuerzas políticas hayan ya asumido el carácter transcendente de las elecciones del 27-S. En este sentido, adquiere todavía mayor valor simbólico el hecho que la recién estrenada alcaldesa de Barcelona, que nunca ha desperdiciado la ocasión para manifestar que votó Sí-Sí el 9-N, se haya comprometido a asistir a la manifestación del dia 11-S convocada por la Assemblea Nacional Catalana, no rechace plantear la entrada de Barcelona en l’Associació de Municipis per la Independència (AMI) y manifestara en la toma de posesión que estaría al lado del proceso constituyente catalán.
He ahí pues la nueva situación. Las elecciones del 27-S son extraordinarias porque sólo estará en juego (casi nada!) quien debe liderar el proceso, porque de eso se trata: poner al alcance de la ciudadanía decidir a qué fuerza política le corresponde encabezarlo por cuanto ya no se discute su existencia.
Para los republicanos, convencidos que el proceso constituyente es sinónimo de revolución democrática y por ende de transformación social también, el éxito radicará en la suma de grandes mayorías, razón por la cual es imprescindible, dada la beligerancia de la alta burguesía y la oligarquía catalanas, contar con sectores de la pequeña y mediana burguesía tradicionalmente representados por CiU y por supuesto por una gran mayoría de las clases populares, buena parte de ella representada por los partidos de la izquierda y las nuevas fuerzas emergentes. Porque el objetivo, nadie se engaña, es hacer realidad un “sí se puede” a un nuevo país en donde se reparta la riqueza con criterios de justicia social atendiendo a la equidad y se construya una democracia de excelencia no supeditada a los poderes financieros.
En primer lugar hay que constatar que el sólo hecho de la convocatoria ya atribuye a los comicios un carácter rupturista por cuanto la posible suma soberanista o proclive al inicio de un proceso constituyente permitirá que el Parlament se dote del mandato suficiente para actuar en consecuencia después de años de negativas y beligerancias contra el Derecho a Decidir de los catalanes por parte del Estado español.
Apuesto que para el día siguiente del 27-S, quien haya salido victorioso postulará la conformación de un gobierno de máxima concentración en el que esté representado buena parte de la sociedad catalana. De hecho, sería la manera de ejemplarizar la unidad en el debate y la acción que deberá darse en las plazas, las fábricas y las universidades durante el proceso constituyente para definir como debe ser el nuevo país, al que llamaremos República.

(article publicat a El Siglo de Europa)

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